lunes, 4 de diciembre de 2017

225 años del DIARIO DE BARCELONA (y IV): de la postguerra hasta su desaparición


Terminada la Guerra Civil española, ya en plena postguerra y bajo la dictadura franquista, tras intensas gestiones el Diario de Barcelona reapareció el 24 de noviembre de 1940. En 1942 la propiedad pasó a manos de la nueva sociedad Barcelonesa de Publicaciones, S.A. El primer Consejo de Administración estaba formado por el alcalde de Barcelona Miguel Mateu Pla (presidente), el conde de Godó Carlos Godó (vicepresidente), el barón de Viver y ex-alcalde de Barcelona Darío Romeu y el conde de Montseny José María Milá y Camps. Como gerente fue nombrado Ramón Martí Marfá, como subdirector a Enrique del Castillo Yurrita y como director a Juan Burgadá Juliá. La redacción, la administración y los talleres fueron trasladados al número 49 de la calle de Muntaner, antigua sede de los desaparecidos periódicos "El Día Gráfico" y "La Noche". Mediante el establecimiento de un convenio, pudo restablecerse la edición del diario a la vez que se estrenó con la impresión mediante técnica de huecograbado Winkler y formato de 48,5x33 centímetros. El precio a la venta al público fue de 0,20 pesetas en 1940 y a partir de 1942 de 0,25 pesetas el ejemplar o bien 6 pesetas mensuales la suscripción.


El tiraje fue de 70.000 ejemplares, reflejo de su mejora debida a su fidelidad a la causa monárquica, a su barcelonismo y a su talante pro aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Durante aquellos años de la posguerra, debido a las restricciones de papel, los ejemplares del periódico tenían muy pocas páginas, con noticias breves reseñadas en columnas. En 1945 se llegó al récord de 100.000 ejemplares. En 1946 Enrique del Castillo Yurrita pasó a ser nuevo director tras la muerte del anterior. En la segunda mitad de la década la situación empezó a mejorar levemente, y no sería a partir de 1950 que volvería a recuperar su antiguo volumen gracias al fin de la crisis del papel. Desde entonces, incorporó destacados artículos de opinión y crónicas de Barcelona (llamados “Apuntes de un mirón”, “Crónicas de la ciudad” y “Las cosas, como son”), siendo especialmente conocidos los apartados escritos por el entrañable cronista oficial de la ciudad apodado “Sempronio”. Además, introdujo en sus páginas centrales notas gráficas de actualidad, algo de gradecer si se tiene en cuenta que los periódicos de aquél entonces apenas llevaban fotografías en su interior.


Entre los años 1961 y 1964 cambió levemente su formato. En 1963 pasó a editarse una sola edición por la mañana y el tiraje era de 60.000 ejemplares, cada uno de los cuales valía 2 pesetas o bien 56 pesetas al mes en caso de suscripción. Desde el 1 de enero 1965 cambió completamente su pequeño formato, pasando a adoptar el tamaño de gran periódico, de 42x27,5 centímetros, con un nuevo y moderno diseño tanto de la cabecera como de su interior. Conservó los mismos apartados de secciones y de artículos de opinión así como las notas gráficas de las páginas centrales, pero introdujo importantes y destacadas novedades, como fueron los suplementos temáticos dominicales dedicados sobre todo a Barcelona, Cataluña, economía, mujer, enseñanza, política y arte, entre otros. En fechas señaladas del año, aparecieron las primeras portadas con imágenes en color. Eran los años del llamado “Desarrollismo” y el diario, igual que la mayoría de periódicos, moderó todavía más sus discursos patrióticos de devoción al régimen franquista e hizo un giro “localista” más centrado en la actualidad de la ciudad de Barcelona y su región metropolitana, sin renunciar por ello a la información nacional e internacional.


En 1969 la dirección pasó a manos de José Tarín-Iglesias y en 1973 a manos de Manuel Martín Ferrand. A finales de 1974 los Godó vendieron su parte de propiedad a José María Santacreu, un empresario cercano al entonces ministro de la Gobernación Manuel Fraga. Posteriormente terminó haciéndose propietario de todo el periódico. En 1975 la dirección pasó a manos de José Pernau Riu. La administración se hallaba en la calle del Consejo de Ciento nº 224-228 y los talleres en el pasaje de la Merced nº 24-26.
Durante el periodo de 1940 a 1977 pasaron importantes y destacados periodistas, a citar, entre otros, Francisco Curet Payrot, José Bru Jardí, Alberto del Castillo, Joan Amades, Luís de Armiñán, Azorín, Agustín Durán y Sanpere, Wenceslao Fernández Flórez, José Pla, Carlos Soldevila, José María de Sagarra, José María Cadena, Sebastián Gasch, Concha Espina, Eduardo Tarragona, Baltasar Porcel, José Faulí, Fernando Gudel, Joaquín Brangulí, Cesc, Antonio Franco, Margarita Riviere, Xavier Vidal Folch, Salvador Alsius, Ramón Rucabado , Joaquín Coca, Félix Tejada, José María Álvarez Taboada y Juan Antonio Sáenz Guerrero.


En 1977 la dirección pasó a manos de Tristán la Rosa. Tras una huelga de 7 días debida a las discrepancias entre el sector social y empresarial en materia salarial, el diario reapareció el 1 de mayo del citado año con un nuevo formato más pequeño y aspecto más pobre, perdiendo así calidad. Fueron los inicios de una decadencia acompañada de una marcha colectiva de buena parte de sus empleados, cuyas ideas progresistas chocaban claramente con una directiva conservadora. Todo ello coincidió precisamente con una crisis europea de empresas periodísticas que marcó la segunda mitad de la década de los setenta.
A finales del mismo 1977 la dirección pasó a manos de Antonio Alemany Dezcallar. Al siguiente año el diario cambió el histórico subtítulo de la cabecera "de avisos y noticias" por "Decano de la prensa continental. Fundado en 1792" y pasó a imprimirse mediante técnica offset en substitución del huecograbado. En 1980 la dirección pasó a Juan Segarra Palomares y el 21 de octubre del citado año, su propietario José María Santacreu, presentó suspensión de pagos y el periódico dejó de publicarse temporalmente, pero fue rescatado a los pocos días por parte de sus antiguos empleados que lo editaron de forma autogestionaria, con un formato bastante pobre y en bilingüe (intercalando artículos en catalán y en castellano).


La inestabilidad quedó reflejada en los numerosos cambios de dirección. Así, durante el mismo 1980 pasó a manos de Juan Manuel Blanco, en 1981 pasó a Francisco Martínez Esquivel, en 1982 a Luís Llobet Solá y en 1983 a Santiago Vilanova, año en que coincidió con la adaptación a un nuevo diseño con el mismo formato. Finalmente, tras el fracaso de la autogestión el Diario de Barcelona desapareció el 23 de marzo de 1984, siendo adquirido por el Ayuntamiento de Barcelona.
En 1985 tanto la cabecera como los archivos fueron cedidos al Grupo Zeta, a la empresa municipal Iniciativas, S.A. y a la ONCE. Bajo esta nueva propiedad, el sábado 14 de marzo de 1987 reapareció completamente renovado con un nuevo y moderno formato de 43x31 centímetros, con la incorporación de imágenes en color y escrito íntegramente en catalán, bajo la denominación de Diari de Barcelona. La dirección fue a cargo de Josep Pernau i Riu. La impresión la hacía Ediciones Primera Plana sita en la calle del Comte d'Urgell nº 71-73, y la redacción y administración se hallaban en la calle de Tamarit nº 155. Desde entonces fueron destacables los suplementos dominicales, los fascículos coleccionables de los cuales se hacían libros (como La Barcelona del Brusi) y los cuadernos dedicados a los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.


Entre 1988 y 1989 la dirección pasó a Enric Sopena, siendo a finales del segundo año cuando el Grupo Zeta e Iniciativas, S.A. se retiraron, de modo que quedó en manos de la ONCE. Entre 1989 y 1990 la dirección pasó a Jaume Boix Angelats, siendo éste sustituido hasta 1993 por Carles Revés i Escalé.  La edición pasó a Publicacions de Barcelona, S.A., y la impresión a la empresa GEISA, en la calle de València nº 49-51. En 1991 el formato cambió a 42x29 centímetros y rediseñó la cabecera con un aspecto más moderno. Fue en julio de 1992 cuando la ONCE vendió el diario al simbólico precio de una peseta a la sociedad ECD, propiedad de los hermanos Emili y Carles Dalmau.
Finalmente, el 30 de abril de 1993 el Diario de Barcelona cambió su denominación por la de Nou Diari, con ediciones en las cuatro provincias catalanas. Sin embargo, ante la falta de rentabilidad, la declaración de insolvencia de los hermanos Dalmau propició su desaparición definitiva el 1 de enero de 1994. Desde entonces, el Ayuntamiento de Barcelona, que siempre poseyó una pequeña participación, compró la cabecera y pasó a publicarse como diario electrónico por Internet (www.diaridebarcelona.com) centrado exclusivamente a ofrecer diariamente noticias únicamente de la ciudad de Barcelona, con apartados relativos a reportajes, vídeos, distritos e información general. Nada tenía ya que ver con el clásico periódico.


Desde el 31 de julio de 2009, esta web se reconvirtió en www.btvnoticies.cat bajo el control de la cadena televisiva municipal Barcelona Televisió (BTV) y la dirección de Cristina Ribas. Existe también el blog diaridebarcelona.blogspot.com. Durante el presente año 2017 se ha celebrado el 225º aniversario de la aparición del Diario de Barcelona, motivo por el cual el Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona (AHCB) organizó la exposición “Diario de Barcelona: una empresa periodística (1792-2009)”, con imágenes, ejemplares y documentos de su fondo para dar a conocer al público se historia. En la actualidad, buena parte del fondo documental del Diario de Barcelona se conserva en el Arxiu Fotogràfic de Barcelona (AFB) y en el Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, además de la colección particular de la familia Brusi. En este sentido, sería un deseo encomiable y grata noticia para quienes nos dedicamos a la investigación histórica que los ejemplares sean digitalizados y en un futuro no muy lejano se puedan consultar gratuitamente por Internet, dada la gran riqueza informativa de su contenido.


Fotos: Arxiu "A la Premsa d'Aquell Dia".

sábado, 25 de noviembre de 2017

225 años del DIARIO DE BARCELONA (III): de Mañé y Flaquer al final de la Guerra Civil (1878-1940)


Tal y como se comentó en el anterior artículo, Juan Mañé y Flaquer sustituyó a Antonio Brusi Ferrer en la dirección del Diario de Barcelona. Sin embargo, la propiedad del diario continuó a manos de la familia Brusi, ubicándose los talleres de impresión en la Imprenta Barcelonesa propiedad de Francisco Gabañach, en la calle Nueva de San Francisco nº17, y la administración en la calle de la Libretería nº22. Este periodista y escritor nacido en Torredembarra en 1823 ingresó en el diario en 1847 como redactor, convirtiéndose pronto en renovador del periódico, pues con él se acentuó el carácter político con el propósito de abrir nuevos horizontes. De este modo lo transformó en órgano definidor de la opinión conservadora de Barcelona, portavoz de la burguesía y contribuidor indirecto en la formación de la generación catalanista de 1900, a la vez que hizo grandes aportaciones en la técnica profesional periodística. Según el propio Mañé, "un periódico tiene que ser humano, doble naturaleza, corporal y espiritual. Es una industria, es decir, una especulación y un apostolado; el empresario está obligado a procurar al periódico una vida robusta, que lo coloque en situación independiente; dé a los capitales en él empleados una ganancia equitativa y a él una remuneración decorosa por sus desvelos y trabajos. Esta industria debe estar subordinada a las leyes morales, y está obligada por su misma naturaleza a prestar a la patria y a la sociedad el tributo de su influencia que es lo que constituye el apostolado del periódico, sus funciones espirituales.



El periódico puede ser, como lo fue el "Diario" durante muchos años, simple colección de noticias; en este caso, no está obligado a decir más que la verdad, empleando cuantos medios estén a su alcance para depurarla y a guardar silencio sobre aquellos hechos cuya publicidad pueda ser dañosa a la religión, a la moral y a las buenas costumbres. Cuando el periódico, además de anunciar los hechos, los comenta debe tener un criterio fijo, constante, que sea sólida base de sus juicios. Relatar con toda imparcialidad los hechos, favorezcan o contraríen nuestros deseos; pero juzgarlos según el criterio de nuestras convicciones, gusten o no gusten a los que nos lean."
Sin embargo, el hombre más decisivo en definir el perfil ideológico del diario fue el abogado y político Manuel Durán y Bas, el cual expuso textualmente su filosofía en tres bases:
- Doctrina del partido moderado, sin los resabios de la centralización cesarista, y de prevenciones regalistas.
- Doctrina de los neocatólicos sin las tendencias absolutistas y la ciega enemiga a toda novedad y a todo progreso.
- Aspiraciones de los progresistas de la monarquía limitada, despojadas del absurdo principio de la soberanía nacional, de tan fatales consecuencias para los pueblos modernos.



Este periodo fue fructífero hasta el punto que el diario se convirtió en uno de los periódicos más influyentes y bien informados de España. El mismo Mañé viajaba a menudo a Madrid, entraba en contacto con la clase política, organizaba la corresponsalía, buscaba colaboradores e intervenía en política. Personajes influyentes en la redacción fueron, principalmente, Jaime Balmes, Juan Maragall, Juan Cortada y Francisco Llorens y Barba. Mañé llegó a ser uno de los redactores más prestigiosos de su tiempo por su independencia de criterio, por lo que fue a menudo consultado por el rey Alfonso XII y por Antonio Cánovas del Castillo. Cercano al ideario de la Unión Liberal, sus artículos mostraban una moderada oposición descentralizadora, causa por la que fue perseguido y sancionado. En 1876 el Diario de Barcelona fue suspendido y sustituido por el nuevo periódico El Catalán, subtitulado como "Diario de Avisos y Noticias". El primer número salió el 30 de septiembre del citado año y el último el 1 de octubre siguiente. Fue extremadamente efímero, pues sólo salieron tres números. A partir del día 2 reapareció el Diario de Barcelona.



A finales del siglo XIX, la aparición de nuevos periódicos como El Correo Catalán (1876), La Publicidad (1878), El Diluvio (1879), La Vanguardia (1881), El Noticiero Universal (1888) y La Veu de Catalunya (1899), hizo perder progresivamente al diario su antiguo predominio debido a la nueva y fuerte competencia. A ello se sumó el hecho de que su regionalismo moderado no logró convencer a toda la burguesía y, además, no supo cómo responder a las grandes masas sociales. Cada vez que se planteaban nuevos problemas se fracasaba al intentar resolverlos siempre desde su perspectiva conservadora.
Al morir Antonio María Brusi Mataró en 1887, la propiedad del diario pasó a manos de su hija María Josefa Brusi García. A partir de 1895 la suscripción al diario en Barcelona pasó a 3 pesetas mensuales, siendo fuera de la capital catalana a 12 pesetas y en Francia a 18 pesetas. Cada ejemplar valía 15 céntimos de peseta la edición de la mañana y 5 céntimos de peseta la de la noche. En ese año el tiraje era de 9.000 ejemplares y se llegaban a enviar ejemplares a lugares tan lejanos  exóticos como las Filipinas, las Antillas y Hong Kong.



Al morir Juan Mañé y Flaquer en 1901, la dirección del Diario de Barcelona pasó a manos del abogado, político, novelista y comediógrafo Teodoro Baró Sureda, el cual ya había ejercido como redactor. En 1904 la suscripción para los de fuera de Barcelona se rebajó hasta las 9 pesetas mensuales y se estableció en 15 céntimos de peseta el precio para todos los ejemplares sueltos con independencia de la edición del día. Fueron años discretos en los que no se aportaron novedades. A principios del nuevo siglo XX destacaron como redactores y colaboradores, entre otros, José Martínez Ruiz "Azorín", Buenaventura Bassegoda, José Antonio Brusi, Juan Burgadá, Francisco Carreras Candi, Manuel Durán y Bas, Joaquín María de Nadal, Gonzalo de Reparaz, José de Riquer y Carmen Karr como presencia femenina.
Tras su marcha en 1906 fue director efímero Miguel de los Santos Oliver. Sin llegar al año de mandato, le sustituyó al cargo nuevamente Teodoro Baró Sureda, el cual permaneció hasta el año 1912. En 1909 el diario pasó a tres ediciones, una de la mañana, otra del mediodía y otra de la noche.



Entre 1912 y 1920 la dirección pasó a manos de Luis Soler Casajuana. El cambio de dirección fue consecuencia de un periodo de problemas económicos que llevaron a cambiar las gestiones y a la aportación financiera de varias personalidades de la época. En 1915 batió un récord de ventas, llegándose a tirajes de hasta 15.000 ejemplares, con lo cual se superó la cifra de 10.000 del año 1850. A partir de 1919 dejaron de publicarse los almanaques anuales y se suspendió la edición de la noche, el precio de cada ejemplar subió a 10 céntimos de peseta, y pasó a publicarse en formato a doble tamaño, es decir, de 36cm x 24cm. Para ello se renovó el sistema de impresión con la adquisición de una rotativa Werk Augsborg. El 1 de enero de 1920 salió por primera vez un ejemplar con fotografía en la portada. A ello se adelantó a la mayoría de periódicos de la época, todavía sin fotos. La imagen hacía referencia a la Familia Real española. A partir de aquel momento, este periódico brindaría cada día con una portada ilustrada con algo relativo a algún tema de actualidad de la época, tanto nacional como internacional. En su interior pasó a duplicar el número de páginas y abundarían los anuncios dibujados de publicidad comercial y carteles de espectáculos. Durante ese mismo año la suscripción mensual pasó a 2 pesetas.



Tras la marcha del anterior director, entre 1920 y 1922 el Diario de Barcelona estuvo dirigido provisionalmente por Arcadio de Arquer. Al cabo de dos años lo sustituyó Juan Burgadá Juliá, responsable de equilibrar y recobrar la personalidad del diario, permaneciendo en su cargo hasta 1946.
Con la llegada de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, los Brusi dejaron definitivamente de ser propietarios del Diario de Barcelona, pasando a manos de la Editorial Barcelonesa, S.A. Al año siguiente se estableció la Real Orden de 24 de marzo de 1924 que obligaría al descanso dominical de la mayoría de las editoriales de prensa, de modo que los lunes solo saldrían algunos periódicos como la Hoja Oficial de la Provincia (luego Hoja del Lunes) y algunas ediciones de tarde. Desde entonces y durante los próximos 58 años, el Diario de Barcelona dejaría de salir a la calle todos los lunes. Dada la ideología monárquica y conservadora del periódico, el periódico fue bastante benévolo con el régimen primoriverista. Sin embargo, tras la proclamación de la Segunda República llegaron años difíciles al tratarse de un nuevo contexto político opuesto a la filosofía del diario.



A finales de 1935 cambió levemente su formato adoptando un diseño que se mantendría prácticamente intacto hasta el año 1960. En 1936 el tiraje era de 8.000 ejemplares, pasó a 15 céntimos de peseta el ejemplar y la suscripción mensual a 3,50 pesetas. Al estallar la Guerra Civil el 19 de julio del citado año, el Diario de Barcelona dejó de publicarse y fue incautado y transformado en órgano del partido Estat Català, publicado en catalán por el guerrillero y periodista Marcelino Perelló Domingo. El 22 de julio de 1936 se llamó Estat Català. Full Extraordinari Gratuït, pero al cabo de dos días se tituló Diari de Barcelona. Portaveu d'Estat Català. La redacción y administración se trasladó en la calle de Jaume I nº11. A partir de 1937 se empezó a notar la falta de papel y otras restricciones conforme la guerra avanzaba. Así, el 5 de mayo se publicó en ciclostilo y sólo cuatro páginas a tamaño 22x34 centímetros, el día 6 de mayo impreso a una sola cara, y el día 7 a cuatro páginas y tamaño 23x31 centímetros. El 1 de agosto del mismo año reapareció como Diario de Barcelona de Avisos y Notícias, publicado por parte de un grupo de antiguos trabajadores del periódico que formaron un comité de empresa con el fin de reivindicar la propiedad y hacer nuevamente (sin éxito en el propósito) la publicación en castellano.



Hasta el 31 de octubre del mismo 1937 no volvió a reaparecer otro número, y desde entonces el Diario de Barcelona no salió nuevamente a la venta hasta el 24 de noviembre 1940, siendo devuelto a sus antiguos propietarios. De 1923 a 1936 colaboraron en la redacción escritores y periodistas, entre otros, como Enrique del castillo, Gonzalo de Reparaz, José María de Sagarra, Francisco Aizcorbe y Valerio Serra. Sus directores fueron J. Josa (1936) y Marcelino Perelló Domingo (1936-37).

Fotos: Arxiu Brusi, Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, Arxiu Maragall, Editorial Nacional.