lunes, 10 de agosto de 2009

Memorias de un cinéfilo de barrio X: cine Rívoli

A pesar de situarse relativamente apartado de mi domicilio, el cine Rívoli fue una sala de barrio a la que tuve el privilegio de haber ido en algunas ocasiones. Integrado en un alto bloque de viviendas (y no como edificio propio) se situaba en el número 248 de la avenida Meridiana (al lado del ya desaparecido restaurante Mesón de Goya), en el barrio de Navas, pero la entrada principal estaba en la calle de Josep Estivill, delante de una plazoleta que limitaba con la calle de las Navas de Tolosa.
La creación de este cine se debió a una curiosa asociación entre Alfred Borràs i Castells (titular del cine Astor) y Pere Balañà (titular de la cadena de cines del Grup Balañà). El arquitecto y también decorador que lo diseñó fue un tal Antoni Bonamusa, el cual planteó un interiorismo algo diferente a las clásicas salas rojizas de la cadena Balañà. La entrada principal era grande y moderna, con puertas de acceso de la calle al vestíbulo completamente acristaladas entre gruesas columnas de mármol negro y grandes espacios interiores con plafones para publicidad y para fotografías de las películas que se exhibían así como las de la próxima semana. La sala propiamente dicha era grande, con capacidad para 1.136 espectadores, de los cuales 990 butacas estaban en la platea (distribuidos en dos grupos de butacas separadas por dos pasillos laterales y uno central) y las 373 restantes en el anfiteatro. El suelo era de moqueta roja, los asientos presentaban un doble color rojo (en la parte superior) y verde oliva (en la parte inferior), y tanto las paredes revestidas de terciopelo como las cortinas de la pantalla eran también de color verde oliva. En resumen, para mi gusto no se trataba de una sala “bonita”.
Una vez finalizadas las obras de construcción se inauguró el 14 de julio de 1969. Desde entonces se convirtió en un cine de barrio que ofrecía programas dobles de entretenimiento pensados para un público joven y para la familia en general. Con el paso de los años, la sala pasó a ser propiedad exclusiva de Pere Balañà.


Recuerdo haber asistido al cine Rívoli en algunas ocasiones con mi hermano Tomás y sus amigos del barrio cuando no nos apetecía ver los estrenos del centro de la ciudad, cuando las películas de salas de estreno como los cines Río y Victoria ya las habíamos visto, y cuando la oferta de reestreno más cercano a nuestro barrio no resultaba muy interesante durante aquella semana al menos para nosotros. Para desplazarnos solíamos coger la L1 de metro desde “Fabra i Puig” hasta “Navas” o bien la desaparecida línea 18 de autobús desde la plaza del Congrés Eucarístic hasta la avenida Meridiana. Sin embargo, muchas veces habíamos ido a pié haciendo un largo y tranquilo paseo por las tranquilas calles de un domingo por la tarde. En muchas ocasiones habíamos cruzado la transitada y ruidosa avenida Meridiana por el desaparecido y tembloroso puente verde, antes de que se reformara para convertirla en un boulevard.
Algunas de las películas que recuerdo haber visto son, entre otras, “Espías si identidad”, “Peligrosamente juntos”, “Carretera al infierno”, “Espías como nosotros”, “Desaparecido (Missing)”, “Los gritos del silencio”, “D.A.R.Y.L.”, “El pacto de Berlín”, “Dentro del laberinto” e “Invasores de Marte (versión de Tobe Hooper)”. Al igual que en la mayoría de cines de Balañà, previamente a los traileres de las películas, había el correspondiente pase de postales antidiluvianas de los restaurantes y locales comerciales más cercanos, y después del célebre "Movierecord" los anuncios como el del restaurante Mesón de Goya y el de la pizzeria Il Trovatore, y el de los talleres Brimóvil especializados en automóviles de segunda mano.
A partir de la década de los noventa, el cine Rívoli se convirtió en una sala de estreno, pero en 1995 cerró definitivamente sus puertas. En su lugar, la antigua sala se convirtió en el local de una secta religiosa brasileña llamada Comunidad Cristiana del Espíritu Santo (Iglesia Universal del Reino de Dios), la cual, después de ser investigada, tuvo que marcharse por sus prácticas ilegales de doctrina y captación de adeptos. Actualmente, el acceso de la avenida Meridiana y parte de su interior alberga un supermercado, y el de la calle de Josep Estivill se encuentra tapiado.

3 comentarios:

Tomás Fernández Valentí dijo...

Hola a todos:

Suscribo en gran medida lo que explica Ricard del cine Rívoli, un local que no frecuenté mucho pero que caía relativamente cerca de donde vivimos y no desaprovechamos la oportunidad de ir allí en cuanto se presentó.

También recuerdo, asimismo, que una de las razones por las cuales no solíamos ir al Rívoli era porque su programación solía coincidir con la del Río, que teníamos más cerca de casa y, como ya comenté en otro lugar de este blog, nos resultaba más entrañable.

A las películas vistas en el Rívoli puedo añadir a la lista de Ricard una que quizá fue la última que vimos allí de estreno: "Peligro inminente", con Harrison Ford interpretando a Jack Ryan, el héroe de las novelas de Tom Clancy.

Tengo también una pequeña anécdota que contar. Aproximadamente entre 1990 y 1991, vi en el Rívoli "Yo soy esa", inefable intento de convertir a Isabel Pantoja en una estrella cinematográfica (su primera escena es "magistral": la Pantoja canta en un plató de televisión, y el operador de cámara le comenta a un compañero: "¡Qué tía más buena!"). Pues bien: a pocas filas de butacas detrás mío, tenía al malogrado realizador catalán Antoni Ribas (sí, el de "La ciutat cremada"), sentado con varias personas, aparentemente amigos y familiares (es posible, pues la sala estaba ya con las luces apagadas y no lo recuerdo bien, que entre aquellas personas estuviese la esposa de Ribas, Emma Quer). Recuerdo que Ribas se lo pasó pipa con la película, sobre todo cuando se producía el número musical que daba título al film, el que ilustra la famosa canción "Yo soy esa" (o "Yo soy gruesa", como la rebautizó algún malicioso con motivo del estreno del film); cuando la Pantoja entonaba el estribillo principal, podía oír detrás mío a Ribas repitiéndolo, con notable ironía: "Yo-soy-esa"...

Este es mi principal recuerdo del cine Rívoli, otra sala de mi barrio que, como a las otras que cerraron hace tiempo, también echo de menos.

Un abrazo para todos,
Tomás Fernández Valentí

Dreadful dijo...

Encara que hagi passat força temps des que vas publicar aquesta entrada, t'escric perquè m'ha encantat trobar-la i veure fotos d'aquest cine, que m'agradaria saber si són teves o quina és la font, per poder-les emprar sense ànim de lucre. Gràcies.

Anónimo dijo...

Era mi cine. Vivia en frente y tengo muchos recuerdos..inundé los baños una vez..la sesión doble,las palomitas,el cine lleno..