martes, 8 de agosto de 2017

La pintura en el metro: una experiencia artística de los años ochenta en el metro de Barcelona


El pasado 14 de junio tras haber tomado la L1 de metro hasta "Universitat" observé en el vestíbulo de enlace con la L2 a un grupo de pintores que estaban trabajando en una obra artística en la columna lila. Los observé y tomé algunas fotos porque parecía algo muy interesante y fuera de lo habitual. Se trataba de un proyecto público de colaboración entre la Casa Àsia y Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) consistente en una intervención pictórica que narra el nacimiento de la primavera. El proyecto, obra de la artista japonesa Mari Ito (nacida en Tokio en 1980 y residente en Barcelona desde el año 2006) con la colaboración de seis artistas más, se inauguró a mediados del pasado mes de julio. El trabajo, que tiene previsto permanecer hasta el 30 de octubre aunque es de carácter permanente, lleva por título "Es primavera?".
Ésta reciente experiencia de decorar artísticamente las instalaciones del metro y llevar así el arte al suburbano me hizo recordar una iniciativa llevada a cabo a principios de los años ochenta del pasado siglo por parte de TMB con la colaboración de la Corporació Metropolitana de Barcelona (CMB) destinada a acercar el metro a la ciudadanía. Para ello se planteó la posibilidad de ofrecer espacios antiguamente destinados a publicidad para pintores noveles con un doble propósito. Por un lado, se pretendía hacer más humanas, claras y agradables las instalaciones del metro aportando un toque artístico y singular. Por otro, a los artistas se les brindaría la oportunidad de poder manifestar artísticamente su visión de la ciudad en los pasillos y andenes habilitados para tal fin.


Poco antes hubo un precedente realizado por parte de trabajadores del empleo comunitario consistente en decorar los techos de algunas estaciones, especialmente las más antiguas. Ese fue el caso de la L1 en "Rocafort", "La Sagrera", "Fabra i Puig", "Sant Andreu" i "Torras i Bages" donde se pintó la bóveda de color blanco y los nervios de color rojo. En la estación "Navas", además, se añadieron unas pinturas de vegetación en dos tonos verdosos. Y en la L5 la estación "La Sagrera" se pintó la bóveda de color blanco y los nervios de color gris; en las estaciones "Virrei Amat" y "Vilapicina" se pintaron las bóvedas de color blanco y los nervios de color azul; y en la estación "Horta" se pintó la bóveda de color azul con un dibujo central que combinaba los colores azul celeste, gris y blanco.
A finales de 1983 la dirección de TMB contactó con estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de Sant Jordi, de la Escola Massana y de la Escola Llotja que, voluntariamente, expresarían su arte. Se hizo una prueba piloto a modo experimental en la estación "Urquinaona" de la L1 en enero de 1984. Al comprobar que la iniciativa tuvo buena acogida y aceptación entre los usuarios del metro, se decidió ampliar la experiencia a otras estaciones.


Así, el resultado fue que 31 estudiantes de pintura, algunos de ellos con cierta experiencia, otros estrenando su primera oportunidad, se les pidió previamente un boceto de lo que iban a hacer, no por afán de censura temática sino para evitar errores y la aplicación de pinturas oscuras y mortecinas. En total los artistas invirtieron hasta 2.500 horas de su tiempo libre para llenar con sus murales hasta 1.800 metros cuadrados de pasillos y andenes. El presupuesto en materiales empleados para la realización de las pinturas corrió a cargo de TMB, al igual que los gastos derivados del personal que trabajaba para acondicionar los huecos que luego serían pintados, incluso las cantidades que la empresa dejó de percibir en concepto de publicidad al estar los espacios ocupados por las pinturas en vez de por anuncios.
Como reconocimiento al esfuerzo realizado por estos artistas, se hizo una exposición fotográfica de los murales entre el 12 y el 25 de noviembre del mismo 1984 en el vestíbulo de la estación "Universidad" de la L1. A su vez, fueron convocados los jóvenes pintores para explicar a los usuarios su arte y hacer cara a ellos algunas exhibiciones de creación pictórica. Posteriormente se editó un catálogo.


En total se pintaron 338 espacios en 16 estaciones, y luego cara al público en los mismos vestíbulos del metro 15 de los 31 artistas noveles pintaron 23 obras más que terminaron expuestas inicialmente en el Expometro del vestíbulo de la L5 de la estación "Diagonal". Posteriormente y a modo de exposición itinerante cada tres meses se instalaron en los pasillos de enlace de una estación de correspondencia, siendo las primeras "Sants-Estació" (L3 y L5) y "Diagonal" (L3 y L5). Finalmente, del 26 de noviembre al 2 de diciembre, tras la exposición fotográfica, se hizo una muestra conjunta de las obras pictóricas itinerantes en "Universitat".
La iniciativa tuvo tal trascendencia que incluso acaparó el interés por parte del Metro de Madrid y de otras ciudades europeas, lo cual fue explicado en la 49ª Sesión del Comité Internacional de Metros de la Unión Internacional de los Transportes Públicos (UITP) celebrada en Barcelona en octubre de 1984.


La buena aceptación de la experiencia culminó en una exposición en la sala Lleonart de Barcelona (sita en la calle de Aragón, 230), del 26 de febrero al 2 de marzo de 1985, agrupando a estos jóvenes pintores bajo el nombre de "Col·lectiu DE SOTA". Durante marzo del citado año los mismos pintores viajaron a Madrid para pintar cara al público unos plafones que decoraban cuatro puntos distintos de la red de metro madrileña. Posteriormente, del 13 de diciembre al 12 de enero de 1986 hubo una nueva exposición en el vestíbulo de la estación "Universitat" de la L1 con la presencia de los pintores y una muestra de sus obras pictóricas. Ello fue la segunda fase destinada a ampliar el arte por las instalaciones del metro hasta abarcar toda la red.
En términos generales, los pintores del metro juzgaron positivamente la importancia de establecer una comunicación entre artistas y público, así como la valoración de estos usuarios que hicieron de las obras, algunas figurativas y otras abstractas, todas ellas sujetas a las corrientes vanguardistas del siglo XX. El público fue visto como un agente secundario pero a la vez imprescindible, capaz de criticar y sugerir, de observar y preguntar, de animar a continuar con la labor artística, de ser sensibilizado por el arte, de ser seducido e invitado a formar parte de aquél mundo.


Los pintores a través de sus obras pretendieron dar color e interés a unas paredes, aprovechar y transformar un entorno ciudadano, crear un ambiente acogedor, definir imágenes sencillas y fáciles de captar a primera vista, usar colores fuertes y expresivos, trabajar con medidas reales, echar gotas de ilusión y espectacularidad, romper con la monotonía a veces oscura y sórdida del metro por algo abierto y mágico, y desarrollar nuevas ideas artísticas de colores y formas.
Desgraciadamente con el paso de los años las pinturas fueron desapareciendo debido a las remodelaciones de las instalaciones y a los continuados actos de vandalismo consistentes en pintar sobre la obra o pegar publicidad. Las fotografías son el recuerdo de este breve periodo artístico en la red de metro que hubiera merecido tener continuidad. Sería un deseo encomiable que la reciente iniciativa llevada a cabo entre la Casa Àsia y TMB supusiera una resurrección e impulso definitivo de la pintura en el metro, un mundo subterráneo que en realidad es mucho más que una mera red funcional de desplazamiento por el territorio. Como dijeron algunos de aquellos artistas, la pintura en el metro debería ser el principio de algo grande para la pintura y el arte en general, el principio de cosas de más envergadura.


Fotos: Arxiu ACEMA, Arxiu TMB, Ricard Fernández Valentí.

2 comentarios:

Daniel dijo...

Hola Ricard:

Hacia el año 1990 o 1991 yo estudiaba dibujo en la escuela Joso (que creo que aún existe) y recuerdo que algunos de mis compañeros colaboraron en decorar los andenes de la parada de metro de Rocafort.

¡Felicidades por el blog!

Ricard dijo...

Hola Daniel. Muchas gracias por tu aportación y por seguir mi blog. Recuerdo la escuela Joso. Ojalá esta clase de iniciativas artísticas se pudiesen recuperar. Un abrazo.